Estrategia y Táctica

Quién decide ir a la guerra: élites y opinión pública

· Por Redacción Archivo Bélico · Actualizado

Quién decide ir a la guerra y por qué pueblos sin enemistad acaban enfrentados: el papel de las élites y la opinión pública en 1914, Yugoslavia, Malvinas e Irak.

¿Quién decide ir a la guerra? En casi todos los conflictos modernos, la decisión la toma un círculo muy pequeño de personas: un jefe de Estado, unos pocos ministros, algunos generales. Sin embargo, la guerra la combaten y la sufren millones que no participaron en ella y que, a menudo, no sentían ninguna enemistad hacia el pueblo de enfrente. Este artículo examina esa paradoja a través de cuatro casos históricos y de las principales teorías que intentan explicarla, sin perder de vista una realidad incómoda: muchas veces la población también apoya la guerra, al menos al principio.

Cuatro casos de estudio

1. Julio de 1914: unos pocos hombres y un continente en guerra

La crisis que desembocó en la Primera Guerra Mundial se decidió en cinco semanas en un puñado de despachos de Viena, Berlín, San Petersburgo, París y Londres. Christopher Clark, en Sonámbulos (2012), describe a dirigentes que no deseaban necesariamente una guerra general, pero que la hicieron posible con decisiones encadenadas; la escuela de Fritz Fischer, en cambio, atribuyó una responsabilidad mayor a las élites alemanas. Ambas versiones coinciden en lo esencial: la decisión fue de muy pocos.

¿Y el famoso entusiasmo popular de agosto de 1914? El historiador Jeffrey Verhey demostró que el «espíritu de 1914» en Alemania fue sobre todo urbano y de clase media, y que en el campo y en los barrios obreros predominó la inquietud. El movimiento socialista internacional, que había prometido oponerse a la guerra, se derrumbó: Jean Jaurès fue asesinado el 31 de julio y el SPD votó los créditos de guerra el 4 de agosto. Meses después, la tregua de Navidad de 1914 mostró a soldados británicos y alemanes confraternizando en tierra de nadie.

2. Yugoslavia, años noventa: el odio que se fabrica

La explicación popular de las guerras yugoslavas habla de «odios ancestrales». El politólogo V. P. Gagnon sostuvo lo contrario en The Myth of Ethnic War (2004): élites políticas, con Slobodan Milošević como caso central, promovieron el miedo étnico para desmovilizar a quienes amenazaban su poder, en un país donde los matrimonios mixtos eran frecuentes en muchas ciudades. Otros autores, como Barry Posen, insisten en el «dilema de seguridad» que surge cuando un Estado se desintegra. El debate sigue abierto, pero el papel de los medios controlados y de los dirigentes está ampliamente documentado, también en sentencias del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

3. Malvinas, 1982: ¿una guerra para salvar un régimen?

La junta militar argentina ocupó las islas en abril de 1982, en plena crisis económica y con crecientes protestas. La hipótesis de la «guerra de distracción» sostiene que buscaba unir al país en torno a una causa nacional; muchos historiadores la consideran plausible, aunque discuten su peso frente a otros factores, como el cálculo erróneo de que Reino Unido no respondería. El Informe Rattenbach, elaborado por las propias Fuerzas Armadas argentinas, criticó con dureza la conducción de la guerra por la junta. La ocupación fue recibida con entusiasmo en las calles de Buenos Aires: otra muestra de que el apoyo popular puede seguir a la decisión, y no precederla.

4. Irak, 2003: millones en la calle, decisión en pocas manos

El 15 de febrero de 2003, millones de personas se manifestaron contra la invasión de Irak en ciudades de todo el mundo, entre ellas Madrid, Barcelona, Londres y Roma. El Gobierno español apoyó políticamente la guerra pese a que las encuestas de la época mostraban una oposición mayoritaria. En Reino Unido, el Informe Chilcot (2016) concluyó que el país se unió a la invasión antes de agotar las opciones pacíficas y que los juicios sobre las armas de destrucción masiva se presentaron con una certeza que no estaba justificada.

La decisión de ir a la guerra es casi siempre de unos pocos; el precio, casi siempre, de muchos.

Síntesis editorial

Qué dicen las teorías

  • Explicaciones racionalistas: James Fearon (1995) argumentó que las guerras estallan por información incompleta, compromisos poco creíbles o asuntos indivisibles, incluso entre dirigentes que preferirían un acuerdo.
  • Teoría del selectorado: Bruce Bueno de Mesquita y sus coautores (2003) sostienen que los líderes deciden pensando en la coalición que los mantiene en el poder; cuanto más pequeña es, menos les importa el coste para la población.
  • Paz democrática: la observación de que las democracias rara vez combaten entre sí, popularizada por Michael Doyle en 1983, sugiere que los controles internos sí frenan algunas guerras.
  • Efecto de unión en torno a la bandera: John Mueller (1973) mostró que el apoyo a un líder suele aumentar al comienzo de una crisis internacional, lo que puede incentivar decisiones arriesgadas.
  • Guerra de distracción: la idea de que los gobiernos usan conflictos exteriores para tapar problemas internos tiene base, pero Jack Levy advirtió en 1989 que la evidencia empírica es mixta.

Quién tiene la decisión según la ley

PaísQuién decideControl parlamentario
EspañaEl rey declara la guerra con autorización de las Cortes (art. 63.3 CE)Autorización previa del Congreso para misiones en el exterior (LO 5/2005)
EE. UU.El Congreso declara la guerra; el presidente es comandante en jefeLey de Poderes de Guerra de 1973, cuyo alcance discuten los presidentes
Reino UnidoEl primer ministro, por prerrogativa realConvención de votar en los Comunes desde 2003, no siempre aplicada
FranciaEl Parlamento autoriza la declaración de guerra (art. 35)Información en tres días; autorización si la operación supera cuatro meses
Resumen simplificado de marcos constitucionales y legales; la práctica real, con operaciones sin declaración formal de guerra, es más compleja.

La última declaración formal de guerra de Estados Unidos data de 1942. Desde entonces, casi todas las intervenciones se han hecho sin ella, lo que refuerza el poder del ejecutivo frente a los parlamentos.

Matices: el pueblo tampoco es siempre pacífico

Sería un error convertir esta historia en un relato de élites malvadas y pueblos inocentes. El nacionalismo popular ha empujado a veces a los dirigentes, la propaganda funciona porque encuentra un terreno receptivo y muchas guerras han contado con un apoyo amplio al principio. Además, Daniel Kahneman y Jonathan Renshon señalaron en 2007 que ciertos sesgos psicológicos, como el exceso de confianza, favorecen a las posturas más belicistas dentro de los propios círculos de decisión. La pregunta no es solo quién decide, sino qué controles existen para que esa decisión se revise.

Conclusión

La guerra moderna la decide un grupo reducido, la legitima la propaganda y la sostiene, durante un tiempo, el apoyo popular. Cuando ese apoyo se agota, como ocurrió en 1917 en Rusia o en las guerras impopulares del siglo XX, la distancia entre quienes deciden y quienes combaten se vuelve políticamente explosiva. Conocer esos mecanismos es la mejor forma de exigir que las decisiones de guerra rindan cuentas.

Preguntas frecuentes

¿Quién decide ir a la guerra en España?
Según la Constitución, el rey declara la guerra con autorización previa de las Cortes. Las misiones en el exterior requieren además la autorización del Congreso según la Ley Orgánica 5/2005.
¿Las guerras las deciden las élites?
La decisión formal casi siempre está en pocas manos, pero los historiadores muestran que el apoyo o la oposición de la población también influye y puede cambiar con el tiempo.
¿Qué es una guerra de distracción?
Un conflicto exterior que un gobierno inicia o aviva para desviar la atención de problemas internos. Es una hipótesis plausible en algunos casos, pero con evidencia empírica mixta.

Fuentes y referencias

  • Christopher Clark, The Sleepwalkers: How Europe Went to War in 1914, Allen Lane, 2012 (ed. española: Sonámbulos, Galaxia Gutenberg, 2014).
  • Fritz Fischer, Griff nach der Weltmacht, Droste, 1961.
  • Jeffrey Verhey, The Spirit of 1914: Militarism, Myth and Mobilization in Germany, Cambridge University Press, 2000.
  • V. P. Gagnon Jr., The Myth of Ethnic War: Serbia and Croatia in the 1990s, Cornell University Press, 2004.
  • Barry R. Posen, «The Security Dilemma and Ethnic Conflict», Survival, vol. 35, n.º 1, 1993.
  • Informe de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades en el Conflicto del Atlántico Sur (Informe Rattenbach), 1983.
  • The Report of the Iraq Inquiry (Informe Chilcot), House of Commons, 2016.
  • James D. Fearon, «Rationalist Explanations for War», International Organization, vol. 49, n.º 3, 1995.
  • Bruce Bueno de Mesquita et al., The Logic of Political Survival, MIT Press, 2003.
  • Michael W. Doyle, «Kant, Liberal Legacies, and Foreign Affairs», Philosophy & Public Affairs, vol. 12, 1983.
  • John E. Mueller, War, Presidents and Public Opinion, Wiley, 1973.
  • Jack S. Levy, «The Diversionary Theory of War: A Critique», en Manus Midlarsky (ed.), Handbook of War Studies, Unwin Hyman, 1989.
  • Daniel Kahneman y Jonathan Renshon, «Why Hawks Win», Foreign Policy, enero/febrero de 2007.
  • Constitución Española de 1978, art. 63.3; Ley Orgánica 5/2005, de la Defensa Nacional, art. 17.

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