
Guerra de guerrillas: origen y la resistencia española de 1808
· Por Redacción Archivo Bélico
Qué es la guerra de guerrillas, de dónde viene la palabra y cómo la resistencia española contra Napoleón entre 1808 y 1814 fijó el modelo para la guerra irregular moderna.
La guerra de guerrillas es una forma de combate irregular en la que fuerzas pequeñas, móviles y con apoyo de la población atacan las líneas de comunicación, los destacamentos aislados y la logística de un ejército convencional superior, evitando la batalla campal. La palabra es española y se acuñó durante la guerra de la Independencia (1808-1814): «guerrilla» es el diminutivo de guerra, la «guerra pequeña» que se libraba en paralelo a las campañas regulares contra los ejércitos de Napoleón. Desde ahí pasó al inglés, al francés y al resto de lenguas europeas.
Antes de 1808: la petite guerre
El fenómeno es mucho más antiguo que su nombre. Los historiadores militares suelen citar la resistencia lusitana de Viriato contra Roma en el siglo II a. C., las emboscadas germanas en Teutoburgo (9 d. C.), las bandas de Fabio Máximo hostigando a Aníbal o los kleiner Krieg de croatas y húsares en la guerra de los Siete Años. En el siglo XVIII existía ya una literatura militar sobre la petite guerre —el francés Grandmaison publicó un tratado en 1756— dedicada al servicio de partidas ligeras, exploración y hostigamiento. Lo nuevo en España no fue la táctica, sino su escala, su continuidad y su carácter popular.
España, 1808-1814: el modelo
Tras la entrada de las tropas francesas y el levantamiento del 2 de mayo de 1808, el hundimiento del Estado y la derrota de buena parte del ejército regular dejaron el peso de la resistencia en juntas provinciales y partidas locales. La Junta Central llegó a regularlas: el Reglamento de Partidas y Cuadrillas de diciembre de 1808 y el llamado Corso Terrestre de abril de 1809 reconocían a las partidas, les otorgaban estatuto militar y regulaban el reparto del botín, un intento de encuadrar la resistencia y evitar el bandolerismo.
Jefes de partida
Juan Martín Díez, El Empecinado, actuó en Castilla con una fuerza que llegó a superar los 3.000 hombres. Francisco Espoz y Mina organizó en Navarra la partida más eficaz y disciplinada de la guerra, con hospitales, fábrica de pólvora y una estructura casi divisional. Julián Sánchez, El Charro, operó en Salamanca en coordinación con el ejército de Wellington, al que suministró información e incluso correos franceses capturados. El cura Jerónimo Merino en Burgos y Espoz y Mina en Navarra ilustran hasta qué punto el liderazgo fue local y ajeno a la jerarquía militar previa.
El efecto estratégico: la úlcera española
La aportación decisiva de la guerrilla no fue derrotar a los franceses en el campo de batalla, sino obligarlos a dispersarse. Los ejércitos imperiales vivían sobre el terreno, y en España el terreno era hostil: cada convoy necesitaba escolta, cada correo un destacamento, cada guarnición una fuerza permanente. Historiadores como Charles Esdaile y Ronald Fraser calculan que Francia mantuvo en la península más de 250.000 hombres en los años de mayor esfuerzo, de los cuales solo una fracción podía concentrarse contra el ejército anglo-portugués de Wellington. El propio Napoleón acuñó la expresión «la úlcera española» para describir un desgaste que no cicatrizaba.
| Jefe de partida | Zona principal | Rasgo destacado |
|---|---|---|
| Juan Martín Díez, El Empecinado | Castilla, Guadalajara | Partida numerosa integrada después en el ejército regular |
| Francisco Espoz y Mina | Navarra | Estructura casi divisional, con logística propia |
| Julián Sánchez, El Charro | Salamanca, Ciudad Rodrigo | Cooperación directa con Wellington e inteligencia |
| Jerónimo Merino | Burgos | Emboscadas a convoyes en el camino real a Francia |
Una imagen matizada por la historiografía
La lectura romántica y nacionalista del siglo XIX presentó la guerrilla como una insurrección unánime del pueblo español. La historiografía reciente la ha matizado sin negar su importancia: Esdaile ha documentado la frontera difusa entre partidas patrióticas y bandolerismo, la coacción sobre los campesinos para financiar a las partidas y la represalia francesa sobre la población civil, con episodios de extrema violencia por ambos lados que Goya recogió en Los desastres de la guerra. Reconocer esa complejidad no rebaja el hecho central: la resistencia irregular fue un factor estratégico de primer orden.
De 1808 a la doctrina contemporánea
El modelo español influyó de inmediato. Carl von Clausewitz dedicó en De la guerra un capítulo al «pueblo en armas» inspirado en España y en Rusia; los reformadores prusianos redactaron en 1813 un edicto de Landsturm calcado del ejemplo peninsular. En el siglo XX, la guerra irregular se teorizó de nuevo con Mao Zedong y su guerra prolongada, con T. E. Lawrence en Arabia y con las guerras de descolonización. Los manuales contemporáneos de contrainsurgencia siguen partiendo de la misma constatación: el factor decisivo no es la partida, sino su relación con la población.
Preguntas frecuentes
- ¿De dónde viene la palabra guerrilla?
- Del español: es el diminutivo de guerra y se popularizó durante la guerra de la Independencia española (1808-1814) para designar la «guerra pequeña» de partidas contra los franceses.
- ¿Ganó la guerrilla la guerra de la Independencia?
- No por sí sola. Fue determinante en el desgaste y la dispersión del ejército francés, pero la decisión militar llegó con las campañas del ejército anglo-hispano-portugués de Wellington y con el desastre de Napoleón en Rusia.
- ¿Existían guerrillas antes de 1808?
- Sí. Viriato, Teutoburgo o las partidas ligeras del siglo XVIII son precedentes claros; lo nuevo en España fue la escala popular y su reconocimiento legal por las autoridades.
Fuentes y referencias
- Charles J. Esdaile, Fighting Napoleon: Guerrillas, Bandits and Adventurers in Spain, 1808-1814, Yale University Press, 2004.
- Ronald Fraser, La maldita guerra de España: historia social de la guerra de la Independencia, Crítica, 2006.
- John Lawrence Tone, La guerrilla española y la derrota de Napoleón, Alianza Editorial, 1999.
- Carl von Clausewitz, De la guerra, libro VI, capítulo 26 («El pueblo en armas»), 1832.
- Reglamento de Partidas y Cuadrillas, Junta Central Suprema, 28 de diciembre de 1808.